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Wow, empezamos el día con toda un frase que invita a la reflexión. En el reino de los ciegos, el tuerto es el rey. Si lo pensáis, en un conjunto de personas que no pueden ver nada (ya que son ciegas) si hay alguien que puede ver, aunque sólo sea por un ojo (un tuerto), tiene una ventaja sobre el resto y por tanto, destacará en el grupo por ello (exagerando un poco, podríamos decir que es el rey). Ese mismo tuerto, en un grupo en el que todos pudiesen ver correctamente por ambos ojos estaría en desventaja, lo cual nos hace ver que, dependiendo de con quién nos comparemos, podemos pasar de ser el rey a ser uno más o uno de los últimos.

Pues bien, la frase de hoy precisamente viene a decir que nadie es bueno ni es malo sino que depende de con quién se le compare. Es posible que alguno de vosotros destacase en su clase en el colegio por sus buenas notas y al llegar a la universidad fuese uno del montón (uno más, alguien que no destaca). No es que de repente seáis peores o más tontos, sino que probablemente el nivel del grupo de personas que compartían clases con vosotros en el colegio era más bajo que el vuestro y sin embargo en la universidad hay otras personas que os aventajan en conocimientos o experiencia. Lo mismo ocurre con un deportista. Es posible que en su país sea el mejor pero al llegar a las Olimpiadas y tener que competir con los campeones de otros países quede de los últimos. ¿Y es que acaso es peor ahora que cuando corría en su país? Pues la respuesta es no, sólo que como no compite contra las mismas personas, su situación de liderazgo es diferente.

Interesante, ¿verdad? Pues bien, ya que hoy me he levantado filosófica y en beneficio de la duda, os dejo otra frase con la que remato el post de hoy:

Nada es verdad ni es mentira. Todo depende del cristal con que se mira.

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