Tras una serie de expresiones bastante fáciles de entender, aquí llega una de esas en las que, además de aprender nuevo vocabulario, os servirá para enriquecer aún más vuestro conocimiento de la lengua española.
Cuando alguien dice lo de a ojo de buen cubero se refiere a que se hace de forma aproximada, sin precisión exacta y sin usar ningún instrumento o herramienta de medición.
Pero ¿de dónde viene esta frase? ¿Recordáis aquel famoso post en el que se desvelaban diversas formas de decir en español que uno va borracho? Pues entre ellas había una que era estar como una cuba. Una cuba es un recipiente de madera, que sirve para contener agua, vino, aceite u otros líquidos. Como podréis comprender, al hacer alusión a la comparación de estar como una cuba para significar que uno está borracho, hacemos referencia a las cubas que contienen vino, que como podréis suponer, al tener todo el tiempo vino dentro, éste llega a impregnar la madera de tal manera que se dice que esas cubas siempre están borrachas. De ahí el origen de esa expresión (cuánto estamos aprendiendo hoy!). 😉
Y bueno, volviendo a la expresión de hoy, el cubero era quien hacía las cubas, las cuales antiguamente se hacían artesanalmente una a una, sin otra forma de medir su tamaño (capacidad) que con la habilidad y el «buen ojo» del cubero, quien como comprenderéis debía tener buena vista para poder calcular el tamaño de las distintas cubas para que fueran todas ellas más o menos iguales. Y así, cuando algo se hace «a ojo» (sin medir, sin usar ninguna herramienta de medición), se coge la comparación del ojo de buen cubero. Interesante, ¿verdad?

