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Nunca digas de esta agua no beberé

¿Nunca os ha pasado que, a pesar de que alguna vez dijisteis que no haríais algo al final habéis terminado haciéndolo? O si no vosotros, ¿no le ha ocurrido eso a ninguna persona de vuestro alrededor?

La cuestión es que la vida da muchas vueltas y nunca podemos saber lo que nos depara el destino (lo que nos espera en el futuro). Es posible que hoy pensemos que nunca haríamos una determinada cosa, pero al final, por cosas de la vida, la terminemos haciendo. Por eso más vale no decir nunca que no vamos a hacer algo.

Con la frase de hoy, que en su forma completa es nunca digas de esta agua no beberé por muy turbia que esté, precisamente se hace alusión a ese hecho de cambiar rotundamente de opinión ante una creencia o una sentencia anteriomente dicha. Es posible que hoy tengamos agua suficiente como para poder prescindir del agua ajena, un agua turbia de la que hoy no beberíais jamás. Pero, ¿que ocurriría si no hubiese más agua que esa? Pues que para sobrevivir tendríais que terminar bebiendo de ella, por lo que, para no incumplir vuestra palabra, lo mejor es no prometer cosas que no sabéis con seguridad si podréis o no cumplir porque no se sabe lo que sucederá el día de mañana.

¿Os acordáis del post otro gallo cantaría? Pues bien, en él incluía un buen ejemplo en el que a Pedro se le podría aplicar la expresión española de hoy: nunca digas de este agua no beberé:

La Biblia, en la parte en la que se relatan las últimas horas de la vida de Jesucristo, se dijo que éste predijo que el apóstol Pedro, antes de que cantase el gallo (antes de que amaneciese), le habría negado tres veces (negar a alguien es decir que no le conoces, que no tienes nada que ver con él). Pedro le dijo a Jesús que eso no era posible, que el jamás haría tal cosa, pero lo cierto es que así fue y antes de que cantase el gallo (símbolo del momento en el que amanece) efectivamente Pedro había negado a Jesús 3 veces.

¿Lo véis? Pues eso, que la vida da muchas vueltas y nunca se puede decir que de esta agua no beberé. Buen fin de semana!

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Cambiar de chaqueta o Ser un chaquetero

Seguro que alguna vez habéis conocido a alguien que cambia de opinión según lo que dice su jefe, estando siempre de acuerdo con él aunque antes os haya dicho a vosotros en privado lo contrario. O a lo mejor habéis conocido a alguien que cada año cambia de opinión respecto a su equipo de fútbol favorito (y justamente el que le gusta cada año es el que va mejor en la liga o quien gana más títulos). A esto se le llama tener cambios oportunistas de opinión o también cambiar de chaqueta o ser un chaquetero. ¿Y de dónde saldría una expresión así? ¿Por qué no se dice cambiar de bufanda o de pantalones? Pues bien, ahí es donde entro yo 😉

Resulta que en época de la reforma luterana (Siglo XVI), los partidarios de cada tendencia se distinguían de los demás por el color externo de sus chaquetas. Sólo con ver de qué color vestían ya se les podía asociar a sus creencias políticas y convicciones en general. Lo que ocurría es que el forro interior de dichas chaquetas solía ser de un color diferente al exterior por lo que más de uno en alguna ocasión en la que quería pasar inadvertido (no quería llamar la atención o ser visto), o en un momento en el que estaba en un entorno hostil (un entorno que no le era favorable) giraba su chaqueta dejando el forro por fuera, escondiendo así su auténtica convicción. Por eso y desde hace ya 5 siglos, a aquel que en un momento determinado cambia de opinión según las circunstancias se le dice que cambia de chaqueta (porque es como si quisiera ocultar sus verdaderas creencias o pensamientos por conveniencia).

Bueno, últimamente estamos dando un buen repaso histórico gracias a las expresiones, ¿verdad? Espero que os resulte interesante!