Seguramente alguna vez habéis escuchado a alguien en clase o en el trabajo que os ha dicho: uy, qué espeso que estoy. Probablemente no notéis ninguna diferencia en ellos físicamente, y seguramente no la habrá, pero sí que la hay en su cerebro.
Cuando alguien está espeso significa que sus pensamientos no fluyen como deberían por su mente, que está lento de reflejos, que no entiende las cosas que se le explican o que no tiene la frescura suficiente para aportar nuevas ideas.
Todo el mundo tiene días en los que está más despierto y más fresco de ideas y otros días en los que parece que no nos enteramos de nada, que no somos capaces de razonar, que nos explican las cosas y no hay manera de que las comprendamos. Pues bien, para éstos días, los españoles nos inventamos la expresión «estar espeso».
Así que nada, cuando os encontréis con alguien que esté espeso, esperad a otro día para consultarle algo! 😉
