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Entre ceja y ceja

Tal vez hayáis escuchado alguna vez a alguien decir que tiene algo entre ceja y ceja. Literalmente, si somos sinceros, entre ceja y ceja suele haber poca cosa. Un trocito de piel, algún que otro pelillo, tal vez uno de esos granitos que nos amargan la juventud… pero poco más. Pero aquí estoy yo para abriros los ojos y demostraros que entre ceja y ceja puede haber mucho más. 😀

Decimos que alguien tiene algo entre ceja y ceja cuando está obsesionado con algo, cuando tiene una idea fijada en la memoria y que no hay forma de hacerle cambiar de idea. Sencillo, ¿verdad? Bueno, pues para quedarme tranquila y tener la certeza de que lo habéis entendido a la perfección, aquí llega un ejemplo:

Manuel es un cabezota, cuando algo se le mete entre ceja y ceja no hay forma de hacerle cambiar de opinión.

Pues eso, que si a Manuel se le mete una idea en la cabeza, no hay manera de hacerle cambiar de opinión.

Y para terminar, os dejo con otra bella imagen. No sé lo que tendrá esta chica entre ceja y ceja pero lo que sí tiene son unos ojos preciosos bajo ellas.
Entre ceja y ceja
Muchas gracias a José Antonio Baya García por la foto de hoy.

Dedicado a Diego.

Ser un peliculero (o una peliculera)

Después de analizar otras formas de ser como ser un bala perdida, un chaquetero, un tiquismiquis, un pelota, un gorrón o ser como un libro abierto, hoy vamos a analizar otra de esas formas coloquiales de calificar a alguien que seguramente os será muy útil porque ya os daréis cuenta de que hay mucho peliculero suelto.

A priori alguien podría pensar que un peliculero es aquel que siente gran afición por el cine. Pues siento deciros que a eso se le llama ser un cinéfilo (no os quejaréis, que por el mismo precio hoy estáis aprendiendo un montón de palabras nuevas :D) aunque se está empezando a aceptar también el uso de peliculero a los que les gustan mucho las películas. Pero el auténtico peliculero que nos ocupa hoy es una de esa personas que se deja llevar por la imaginación, una persona muy fantasiosa, a la que nunca le pasan cosas corrientes como al resto del mundo, sino que las vive y las adorna como si fuese el protagonista de una película de ciencia ficción y cuando las cuenta añade tal cantidad de fantasías que hace que su historia no parezca real. ¿Ya os va viniendo a la mente alguna persona con la que habéis tenido la sensación de que lo que estaba contando era tan sobrenatural que parecía que se lo estuviese inventando?. Pues a ese se le podría decir que es un peliculero o, como veíamos el otro día, que tiene más cuento que Calleja.

Los peliculeros tienen una habilidad por encima de lo normal para inventarse excusas y es que, claro, como les pasan las cosas que les pasan… pues cómo van a evitar llegar tarde u olvidarse de algo. Y como yo tampoco suelo estar falta de imaginación, intentaré poneros un ejemplo para que veáis cómo se utiliza.

La profesora: Manolito, ¿dónde están los deberes que os puse ayer?

Manolito: Uy, pues justo los había hecho, pero vino el perro del vecino, se puso a jugar con mis cosas y al final se los llevó sin que me diese cuenta y cuando intenté volver a repetirlos hubo un corte de luz que sólo afectó a mi casa pero que no nos dejó hacer nada durante más de 3 horas.

La profesora: Ay Manolito, que peliculero eres. Siempre se te ocurre alguna excusa para no traer los deberes hechos.

Y como hoy la cosa va de películas, para despedirme os dejo con una increíble imagen de un lugar que ha sido escenario de multitud de ellas, Nueva York. Muchas gracias a Songquan Deng por la foto de hoy.


Dedicado a la misteriosa y peliculera Sra. A.

El hábito no hace al monje

Como ya hemos pasado el ecuador de la semana, me voy a atrever con una expresión un poco más compleja que las de costumbre, el hábito no hace al monje (suena bien, ¿verdad?). Atención estudiantes Erasmus: ¡esta es para nota! Es una de esas frases solemnes con las que se puede quedar bien en una cena, no al nivel de desvelar los misterios de cómo funciona Google o qué es un Doodle, pero tampoco en cuanto a uso del lenguaje, tampoco está mal.

Antes de empezar quiero dejar bien claras las 2 principales palabras que se usan en la expresión: hábito y monje. Como viene siendo habitual, voy a echar mano del diccionario de la RAE para las definiciones, que dicen así:

Hábito (la definición que a nosotros nos interesa): Vestido o traje que cada persona usa según su estado, ministerio o nación, y especialmente el que usan los religiosos y religiosas.

Monje: Individuo de una de las órdenes religiosas sujeto a una regla común y que vive en un monasterio.

Pues bien, lo que quiere decir nuestra expresión española de hoy es que a veces las apariencias engañan y no sólo porque intentemos escondernos bajo un disfraz para intentar aparentar algo, somos ese algo que pretendemos. Me explico. No porque una persona vaya con ropa deportiva es un deportista de élite, ni otro porque lleve gafas es un erudito, ni el que lleve buena ropa tiene que ser necesariamente rico. A veces las apariencias engañan y cuando desvelamos la mentira, podemos utilizar entonces la frase de hoy, el hábito no hace al monje.

Como supongo que aún no os habrá quedado 100% claro y porque si no pongo algún ejemplo sospecharíais que alguien ha suplantado mi identidad, aquí va:

Ana: Qué decepción me he llevado con Juan. Parecía tan formal, tan bien peinado siempre, con sus gafas, con su ropa tan bien planchada… pero al final ha resultado ser un gamberro y un desordenado.

Amiga de Ana: Si es que el hábito no hace al monje.

Pues eso, que el chico intentaba aparentar con su exterior algo que no era y al conocerle mejor se ha descubierto su verdadero yo.

Y dado que la expresión española de hoy tiene un tono monacal, aquí os dejo una sobrecogedora imagen de un antiguo monje.


Muchas gracias a Paukrus por la foto de hoy.

Dormir como un ceporro

Hoy vamos a empezar el día con una de esas expresiones divertidas que tanto me gustan por su alto contenido visual (si se sabe de lo que se está hablando) pero que a más de uno le pueden dejar boquiabierto: dormir como un ceporro. Si no sabemos lo que es un ceporro y como la imaginación suele ser una traviesa y caprichosa compañera, podemos pensar en mil y una formas de dormir que podrían igualar al ceporro. Como diría aquel… ¿es un pájaro? ¿es un avión? Pues no, un ceporro, palabra de RAE, no es nada más que una cepa vieja que se arranca para la lumbre, es decir, un gran trozo de madera que se había quedado anclado a la tierra, inmóvil, y que tenemos que arrancarlo del suelo para poder moverlo. Por esa similitud podréis entender que alguien que duerme como un ceporro es que lo hace tan profundamente que para levantarle tenemos que hacer verdaderos esfuerzos, que parece que tenemos que arrancarle de la cama porque se ha quedado pegado a ella. !Qué imagen!

Tal vez habías oído la expresión similar dormir como un tronco. Pues en realidad tienen el mismo significado y es que son casi iguales. Pero como esta era más fácil, he preferido describir la del ceporro. Así soy yo, qué le vamos a hacer.

Hoy no es un día de ejemplos, porque, ¿qué podría poner? He visto a Juan y estaba durmiendo como un ceporro. Pues eso, que estaba durmiendo muy profundamente, tanto, que parecía un tronco anclado al colchón. (No, si al final siempre pongo alguno).

Y para terminar el post de hoy, el momentazo visual. Además, hoy os dejo con una preciosa imagen de una bella señorita durmiendo plácidamente. Gracias a Mayte Pons por la foto de hoy.

Dedicado a Marc.

Olerse la tostada

Antes de empezar, dejadme que disfrute de ese instante en el que alguien está tostando pan y su embaucador aroma invade de forma inevitable toda la atmósfera que te rodea. Mmmmm… ¡qué momento! Hay que ver lo evocadoras que pueden ser algunas palabras. En fin, vayamos al grano y analicemos con cariño la expresión española de hoy, que además, nos va a servir para matar dos pájaros de un tiro.

Me explico. Hay una expresión que es “olerse algo” y otra que es “olerse la tostada”. Están relacionadas, pero tienen connotaciones diferentes. Así como cuando percibimos un aroma a café podemos imaginar que alguien está preparándolo, usamos la expresión “olerse algo” cuando intuyes (sospechas con bastante certeza) que algo va a pasar o que algo es de una determinada forma antes de que te confirmen que es así. Por otro lado, si a lo de “olerse” le añadimos lo de “la tostada”, estaremos indicando que estamos adivinando algo secreto que no interesa desvelar por algún motivo. De hecho, según la RAE, olerse la tostada es “Adivinar o descubrir algo oculto, como una artimaña, una trampa, etc.”, es decir, que oficialmente tiene una connotación negativa, al contrario de lo que ocurre con “olerse algo”, lo cual simplemente significa que ya te imaginabas que algo era así, pero no tenía que ser ni bueno ni malo. Dicho todo esto… ¡vamos con los ejemplos!

Ejemplo 1 (sin connotación negativa): Un amigo se acerca y nos dice: ¿Sabías que Juan y María están saliendo juntos? A lo que podría responder: Ya me lo olía yo, últimamente iban juntos a todas partes y cuando se hablaban el uno al otro utilizaban un tono muy dulce.

Ejemplo 2 (con más carga de querer ocultar el secreto): Como todo parecía demasiado bonito para ser cierto, antes de firmar por la nueva empresa pedí un contrato completo para leérmelo con tranquilidad porque me olía la tostada… y menos mal que lo hice. Según parece en este ejemplo, y como en ninguna empresa te dan mucho por nada, el que iba a firmar presentía que le iban a hacer trabajar más horas de las normales, o que iba a tener que viajar mucho, o afrontar él mismo determinados gastos, etc.

Bueno, tampoco ha sido tan complicado, ¿no? Si os queda alguna duda, ¡ya sabéis!

Y como no podría ser de otra forma, os dejo con una simpática imagen de una tostada, ideal para darse los buenos días 😀

Una buen forma de dar los buenos días
Muchas gracias a Vitamininmotion por la foto de hoy.

Dedicado, como no podría ser de otra forma, a Joaquín.

Dormirse en los laureles

Para empezar la semana vamos a analizar una locución que a primera vista no suena nada mal, ¿verdad? ¿Os imagináis durmiendo sobre un manto de laurel? No muy seco claro, porque si no, no sería muy cómodo, pero bueno, la imagen de verse a uno mismo sobre un lecho de hojas verdes y aromáticas es muy evocador, ¿verdad? Pues no os relajéis demasiado que si no os va a pasar lo que significa la expresión española de hoy 😉 .

Según la RAE, dormirse en los laureles es “descuidarse o abandonarse en la actividad emprendida, confiando en los éxitos que ha logrado”, es decir, que después de haber conseguido algún éxito, nos relajamos, ya no nos esforzamos más porque pretendemos que siempre se nos valore y se nos recuerde por lo buenos que fuimos algún día. Lo malo es que la vida es muy dura y eso no puede ser así, si queremos seguir siendo considerados buenos, tenemos que seguir demostrando que lo somos cada día.

Si os explico ahora el origen de esta frase, seguro que os queda mucho más claro y os será más fácil recordar su significado.

Resulta que el laurel era considerado por griegos y romanos como un árbol protector y curativo y lo tomaron como representación de gloria, así como de símbolo de resurrección ya que sus hojas tardan en marchitarse una vez cortadas (se secan bien sin hacer mucho esfuerzo y después pueden ser utilizadas para elaborar ricos platos como la paella).

Para encontrar el uso de la corona de laurel para honrar a los vencedores de las pruebas atléticas, debemos remontarnos a los Juegos Píticos que se desarrollaban junto al santuario de Delfos de forma similar a los Juegos Olímpicos que se celebraban en Olimpia. Para distinguir a unos y otros vencedores, por motivos mitológicos los vencedores de los Juegos Píticos eran condecorados con coronas de laurel mientras que los vencedores olímpicos eran premiados con ramas de olivo. Tanto unos juegos como otros tenían una cierta periodicidad (al final, ambos se repetían cada 4 años) y el que era laureado un año no tenía por qué repetir su triunfo en la siguiente edición de juegos, sino que tenía que volver a demostrar que era el mejor para volver a ser condecorado con tal distinción.

Una vez visto el origen, vamos a incluir un par de ejemplos para que veáis más claramente su uso.

Ejemplo 1: Desde que han ascendido a Juan, se ha dormido en los laureles. (Juan se esforzó muchísimo por conseguir su puesto y trabajaba muy duro, pero cuando ha conseguido su nuevo puesto, apenas se esfuerza y no hace casi nada).

Ejemplo 2: Los políticos siempre se duermen en los laureles. Una vez han conseguido ganar las elecciones, apenas hacen nada hasta que empieza la campaña electoral de las siguientes elecciones. (¿Hace falta que lo explique?).

Pues nada, después de un larguísimo post que espero que os haya servido para entender lo que significa lo de dormirse en los laureles, os dejo con una aplicación moderna de la corona de laurel que seguro que le alegra el día a más de una (Arantxa, te dedico la foto de este guapo italiano 😀 ).

Dormirse en los laureles
Muchas gracias a Chiara Ferragni por la foto de hoy.

Hacer leña del árbol caído

Hacer leña del árbol caído es una frase española que me crea una contradicción. Me apena su significado pero me encanta la fuerza gráfica que tiene. Así que, antes de me ponga melodramática, vamos a empezar a analizarla.

Primero me gustaría que visualizaseis un árbol caído. Ya sea porque ha sido talado, derribado por una fuerte tormenta o afectado por una fuerte sequía, imaginad un árbol que ha perecido y que se encuentra postrado en el suelo. Y ahora imaginad que tras la muerte de ese pobre árbol, alguien coge un hacha y empieza a golpearlo sin piedad hasta ir convirtiéndolo en pequeños trozos de madera, fragmentándolo hasta convertirlo en leña que después será arrojada al fuego y arderá. Madre mía, tengo la impresión de acabar de narrar un asesinato. En fin, lo único que pretendía era que entendieseis la escena en su contexto.

Si trasladamos ahora esa metáfora de la naturaleza al mundo humano decimos que hacemos leña del árbol caído cuando, ante una situación en la que alguien ha sido víctima de una desgracia, nos cebamos con esa persona y todavía queremos que se sienta peor y la atacamos más en lugar de entender que ya tiene bastante con lo que ha sufrido y no debemos hacerla sufrir más. Sobre todo porque siempre es fácil atacar al débil y el pobre ya tiene bastante con serlo como para que encima intentemos parecer más fuertes atacándolo.

Y ahora, todavía con un nudo en la garganta, intentaré poneros algún ejemplo. Imaginad que un niño, después de mucho mucho, pero que mucho estudiar, suspende un examen. En ese momento, lo peor que se puede hacer es decirle que es tonto, que no vale para nada, que no va a ser nadie en la vida. Si le decimos esas cosas, estaremos haciendo leña del árbol caído.

Bueno, espero que hayáis entendido la expresión española de hoy y que no haya sido muy traumático leer este post. Por si acaso y para intentar arreglar el día, os dejo con una bella imagen de un bosque precioso.

Muchas gracias a Forpawsgrooming por la foto de hoy

Me sabe mal

¡Hola de nuevo! Hoy empezamos la semana con una nueva expresión que no sé si habréis escuchado mucho, pero que no podía faltar en este blog: me sabe mal.

Cuando algo nos sabe mal, además de tener el sentido típico y lógico de demostrar que algo que hemos comido o bebido no es de nuestro agrado, también significa de un modo más metafórico que sentimos mucho algo (sentir de sorry, no de feel ;)). Si os pongo un ejemplo, seguro que lo veis mucho más claro. Una persona se acerca a una librería y pregunta: ¿Tienen alguna obra de Francisco Umbral?, a lo que la dependienta responde: Me sabe mal, pero actualmente no disponemos de ninguna obra suya. Como podréis ver en el ejemplo, si sustituis «me sabe mal» por «lo siento mucho», la frase sigue manteniendo su mismo significado.

Y vosotros os preguntaréis ¿por qué se dice lo de me sabe mal? Pues probablemente sea porque ante una situación en la que te ves impotente, que no puedes hacer nada por solucionarla aunque quisieras, también se dice que te queda mal sabor de boca y de ahí a que esa situación te sepa mal. Y bueno, sin ánimo de repetirme, me sabe mal, pero no sé qué más contaros para explicaros la expresión española de hoy. Así que, ahora os dejo con el lado más amable de mis posts. Efectivamente, ¡la foto! Espero que os guste, aunque de lo que estoy segura es de que ¡os quitará el mal sabor de boca! A mí al verla, se me hace la boca agua.

Muchas gracias a Katherine Wu por la foto de hoy.

Dedicado a Miriam.

Ni fu ni fa

Empezamos el día con una nueva expresión que a más de uno le dejará indiferente y es que es eso lo que significa. ¿Cómoooooooooooooo? ¿Que ya está? No desesperéis que para los que con este inicio se hayan quedado a cuadros volveremos a empezar.

Tal vez hayáis presenciado alguna vez la siguiente situación: una persona le pregunta a otra: ¿qué te ha parecido la película que acabamos de ver? A lo que el preguntado responde: «pues ni fu ni fa». Esta divertida locución indica que ni nos ha gustado ni nos ha disgustado, que no está ni bien ni mal, que no nos ha parecido ni buena ni mala, sino que nos ha dejado indiferentes.

Según la RAE, ni fu ni fa es una expresión coloquial usada para indicar que algo es indiferente, que no es ni bueno ni malo, tal y como acabo de intentaros explicar con un breve ejemplo.

Y bueno, hoy tampoco voy a extenderme mucho más porque, al margen de lo divertida que me parezca la frase de hoy por cómo suena, no tiene mucho más significado escondido. Aunque sí que no quiero despedirme sin una de esas bonitas fotos que se pueden encontrar por la red y que han sido realizadas por personas que piensan que una imagen vale más que mil palabras (aunque cualquier informático sabe que ocupan 100 veces más ;))

Indiferencia absoluta

Gracias a iNyar por una imagen que refleja tan bien la indiferencia.

Dedicado a Diego por sugerir la frase de hoy

Tener más cuento que Calleja

La frase de hoy está dedicada a toda esa gente que se pasa la vida dando excusas por todo lo que hace mal, a la gente muy fantasiosa y a Víctor por ser una de sus favoritas ;).

Y bueno, para que podáis comprender mejor el significado de la expresión española de hoy, presentaremos al Sr. Calleja. Don Saturnino Calleja Fernández (ese era su nombre completo) fue el propietario de una editorial de cuentos para niños, una de las más famosas y con un mayor número de publicaciones en España. Nacido en Quintanadueñas, Burgos vivió desde 1.855 hasta 1.915) y publicó una innumerable cantidad de cuentos escritos especialmente para niños y jóvenes. Eran ediciones muy cuidadas, que se alternaban con otras más populares y baratas, pero siempre bien presentadas.

Pues bien, una vez presentado el Sr. Calleja, vayamos a la aplicación práctica de la frase de hoy.

Seguro que conocéis a alguien que siempre llega tarde. Y probablemente además, esa persona tenga una excusa diferente cada día para justificar su retraso. Un día será porque se ha quedado encerrada en el ascensor, otro porque han cortado su calle y no ha podido salir, otro porque una manada de pájaros la han atacado al salir de casa, otro porque se ha encontrado con una persona que hacía mucho tiempo que no veía, otro porque el conductor del autobús que coge cada mañana se ha parado en medio de la carretera ha sacado una guitarra y se ha puesto a cantar… vamos, cada día una historia. Pues bien, a esta persona se le puede decir que tiene más cuento que Calleja. Porque hay que ver la imaginación que tiene, vamos, más que Calleja.

Otro caso en el que también se puede usar la frase de hoy es para esa persona que nunca puede quedar porque siempre tiene otra cosa que hacer. Por ejemplo, hay que quedar para hacer un trabajo en grupo y esa persona dice: «uy, hoy no puedo porque tengo una heridita en el dedo índice que no me permite escribir». «¿Y mañana por la mañana?». «Uf, que va, mañana tengo que ir a ponerle la vacuna al canario (un canario es un pájaro que se suele tener de mascota)». «¿Y qué tal mañana por la tarde?» «Uy, que va, mañana por la tarde imposible. Vienen mis tíos de América y tengo que ir a verles.» «¿Y pasado mañana?» «Qué va, los viernes no puedo salir de casa». En fin… siempre tiene una historia diferente para escaquearse y no quedar. A éste también se le puede decir que tiene más cuento que Calleja.

Pues nada, si conocéis a gente de este tipo… ya sabéis qué podéis decirles!

Y como viene siendo habitual, os dejo con una imagen que en este caso muestra los verdaderos cuentos publicados por la editorial del Sr. Calleja.

Tener más cuento que Calleja