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Cambiar de chaqueta o Ser un chaquetero

Seguro que alguna vez habéis conocido a alguien que cambia de opinión según lo que dice su jefe, estando siempre de acuerdo con él aunque antes os haya dicho a vosotros en privado lo contrario. O a lo mejor habéis conocido a alguien que cada año cambia de opinión respecto a su equipo de fútbol favorito (y justamente el que le gusta cada año es el que va mejor en la liga o quien gana más títulos). A esto se le llama tener cambios oportunistas de opinión o también cambiar de chaqueta o ser un chaquetero. ¿Y de dónde saldría una expresión así? ¿Por qué no se dice cambiar de bufanda o de pantalones? Pues bien, ahí es donde entro yo 😉

Resulta que en época de la reforma luterana (Siglo XVI), los partidarios de cada tendencia se distinguían de los demás por el color externo de sus chaquetas. Sólo con ver de qué color vestían ya se les podía asociar a sus creencias políticas y convicciones en general. Lo que ocurría es que el forro interior de dichas chaquetas solía ser de un color diferente al exterior por lo que más de uno en alguna ocasión en la que quería pasar inadvertido (no quería llamar la atención o ser visto), o en un momento en el que estaba en un entorno hostil (un entorno que no le era favorable) giraba su chaqueta dejando el forro por fuera, escondiendo así su auténtica convicción. Por eso y desde hace ya 5 siglos, a aquel que en un momento determinado cambia de opinión según las circunstancias se le dice que cambia de chaqueta (porque es como si quisiera ocultar sus verdaderas creencias o pensamientos por conveniencia).

Bueno, últimamente estamos dando un buen repaso histórico gracias a las expresiones, ¿verdad? Espero que os resulte interesante!

Esto es Jauja

Uf, seguro que aquí en España, sin saberlo, muchas cosas os parezcan Jauja. Y seguro que, a partir de que sepáis el significado de la expresión española de hoy, la utilizáis en más de una ocasión.

Se dice que algo es Jauja cuando es genial, como es como el paraíso, cuando no hay nada malo, todo es alegría y felicidad, facilidades, etc.

Por ejemplo: Esto es Jauja! Qué gran fiesta. No hemos tenido que pagar nada y hay barra libre y un montón de cosas para picar. (pues eso, que la fiesta es una pasada, un pequeño paraíso).

Otro ejemplo: Este empleo es Jauja. No tengo horarios fijos, tengo coche de empresa, puedo viajar un montón… Me encanta! (pues eso, que está genial en su trabajo).

Y eso de Jauja, ¿de donde viene? ¿De una mezcla de risas (ja ja) y sustos (u)? Jeje, pues no. Jauja es una provincia en medio del altiplano del Perú, muy célebre por la fertilidad del suelo, su paisaje verde y el aire saludable que se puede respirar allí. Y claro, con esas condiciones no es de extrañar que se cuando se quiera hacer referencia a algo equivalente a un paraíso terrenal, se utilice Jauja en su lugar.

Que si quieres arroz Catalina

Para el día de hoy, una divertida frase muy usada por algunos de los que me rodean.

Cuando alguien dice lo de «que si quieres arroz Catalina» es cuando no le hacen caso de ninguna de las maneras a algo que ha dicho o hecho. Uy, para ser yo, la explicación me ha quedado corta, así que lo ilustraré con un par de ejemplos para que lo entendáis mejor.

Primer ejemplo: ayer le dije a Juan que recogiese la mesa después de comer, y que si quieres arroz Catalina (lo cual significa que Juan no le hizo caso y no recogió la mesa).

Otro ejemplo: Ayer mandé un e-mail solicitando mis vacaciones y que si quieres arroz Catalina (lo cual indica que no le han respondido al e-mail, que no le han hecho caso a su mensaje).

Divertido, ¿verdad? Pues este extraño dicho parece tener su origen en una señora llamada Catalina que vivía en los tiempos de Juan II de Castilla (o lo que es lo mismo, por el Siglo XV) y que por lo visto, además de consumir grandes cantidades de arroz, lo recomendaba a todo el mundo como remedio a cualquier mal. En su lecho de muerte, los vecinos se reunieron en torno a ella y recitaron a coro: «¿quieres arroz Catalina?» y otra vez «¿quieres arroz Catalina?» y al ver que ésta no respondía (la pobre estaba tan débil que no era capaz de articular palabra) le dijeron todos a coro: «¡que si quieres arroz, Catalina!». Y ella, moribunda, tampoco fue capaz de contestar, pareciendo que hacía oídos sordos a lo que le decían. Desde entonces, esta frase se dice cuando alguien no hace caso a lo que dicen.

Y para terminar, os dejo con un arroz muy apetecible y con mi agradecimiento a Yoann Grange por esta foto tan genial.

Que si quieres arroz Catalina

Dedicado a Félix.

Cada maestrillo tiene su librillo

Bueno, empieza una semana más y con ella, una nueva tanda de expresiones españolas, así que… empezamos!

A lo largo del tiempo y al ir conociendo a más y más gente os habréis dado cuenta de que cada persona tiene su propia manera de hacer las cosas. Cada uno tiene su método para trabajar, para explicar las cosas, para organizarse… Y bueno, buscando una comparación que pudiese abarcar todos los ámbitos, se recurrió a la frase de hoy: cada maestro tiene su libro (o sus diminutivos, con lo que la rima gana mucho, cada maestrillo tiene su librillo), precisamente para resaltar eso, que cada uno tiene su propio método para llevar a cabo su tarea, sus responsabilidades, las cosas que tiene que hacer.

Así que nada, cuando alquien se queje de que el nuevo jefe organiza las cosas de un modo distinto al anterior, cuando un niño pequeño os diga que no entiende la manera de explicar de la nueva profesora o que un compañero de trabajo haga las cosas de un modo distinto al vuestro, recordad la frase de hoy: cada maestrillo tiene su librillo.

Y para acabar con el post de hoy, os dejo con una nueva imagen relacionada con el tema de los libros que nos ha proporcionado nuestro colaborador habitual. Una vez más, mil gracias Yoann Grange!!

Cada maestrillo tiene su librillo

A otra cosa, mariposa

La expresión española de hoy, la verdad es que se explica por sí sola, aunque a lo mejor hay algún elemento que os «despista» un poco y que puede haceros creer que puede llevar un significado oculto que no habéis sido capaces de interpretar.

Se dice lo de a otra cosa mariposa cuando, en tono familiar, se quiere cambiar de tema de conversación ya que se considera que por mucho que se siga hablando de él, no se va a llegar a ningún fin. Es como decir, bueno, pasemos al siguiente punto o hablemos de otra cosa, pero en un tono mucho más familiar. La verdad es que no queda bien decirlo en ambientes serios o con personas desconocidas. Es mejor guardar esta frase para cuando estemos con la familia o con los amigos.

Y seguramente os preguntaréis ¿y lo de mariposa, a qué viene? Pues la verdad es que viene a que es una palabra que rima con «cosa» y de esta manera conseguimos que la frase sea más musical y agradable al oído. Podríamos haber dicho a otra cosa, osa (que aunque rime me reconoceréis que no suena tan bien) o a otra cosa pesado (lo cual ni rima ni suena bien, ¿verdad?).

Pues bueno, aprovechando que tan bello animal protagoniza la frase de hoy, os dejo con una preciosa fotografía de nuestro amigo y colaborador habitual. Muchas gracias por la foto Yoann Grange!

A otra cosa, mariposa

En boca cerrada no entran moscas

Después de unos días de inactividad bloggera, vamos a retomar la recopilación de frases hechas y expresiones españolas con un refrán en el que las protagonitas son las moscas (espero que no os mosqueéis conmigo por eso). Tiempo atrás ya vimos otras expresiones con este «simpático» animal como tener la mosca detrás de la oreja, por si las moscas o matar moscas a cañonazos.

Pues bien dicho esto y una vez repasadas otras alusiones a nuestras amigas las moscas, vamos a explicar la expresión española de hoy. Supongo que entenderéis que el hecho de que os entre una mosca en la boca es algo muy desagradable, ¿verdad? Pues bien, hay veces en las que es más prudente saber callar o no decir algo inapropiado para evitar consecuencias desagradables. Si os fijáis, la frase es bastante gráfica: si tienes cerrada la boca, no te puede entrar una mosca en ella. Si se tiene la boca cerrada (es decir, si no se habla), se evitan posibles efectos desagradables o por lo menos no deseados.

No es que de ahora en adelante tengamos que ir mudos por la vida, pero sí que es prudente saber callar a tiempo y para indicárselo a otra persona se puede usar lo de en boca cerrada no entran moscas (si sabemos que alguien va a decir algo inapropiado, podemos decírselo sin ninguna duda).

Una frase casi casi igual a la de hoy, aunque en un entorno más acuático, es la de por la boca muere el pez. ¿La recordáis? Aunque así como la de en boca cerrada no entran moscas intenta prevenirnos para que no digamos algo que pueda meternos en un lío, la de por la boca muere el pez suele usarse más bien cuando «el daño ya está hecho».

Espero que mi retorno os sea provechoso. Que tengáis un buen día!

A palabras necias, oídos sordos

Una palabra necia es aquella que ha sido dicha con ignorancia (sin saber lo que se dice), imprudencia (en el momento en el que no se debe) o presunción (con mala intención). Normalmente son aquellas palabras que resultan críticas destructivas (en lugar de constructivas), es decir, para machacar a alguien en lugar de para intentar ayudarle, lo cual normalmente hacen nuestros enemigos y no nuestros amigos, por lo que no hay que hacerles demasiado caso porque pueden decirlas, no porque sea verdad, sino simplemente para hacer daño.

Hacer oídos sordos significa no escuchar, hacer como si no se oyese nada, como si fuésemos sordos de verdad.

Si sumamos las dos partes de la frase veremos como lo de a palabras necias, oídos sordos significa que no hay que hacer caso a la gente que habla sin conocimiento o sólo dice cosas malas de nosotros para hacernos daño, sin ningún ánimo de ayudarnos o aconsejarnos.

Así que antes de que os afecten los comentarios negativos que podáis recibir, primero mirad quién los hace y con qué ánimo (intención), porque si son palabras necias es mejor hacer oídos sordos.

Y a continuación os voy a incluir una frase equivalente a la anterior pero sólo apta para los «usuarios» avanzados: a vocablos malsonantes pronunciados por laringes atrofiadas, trompas de Eustaquio en estado letárgico. Ahí queda eso…

A buen entendedor, pocas palabras bastan

Para empezar la semana… una facilita 😉

Entender algo es comprenderlo, saber lo que significa. Hasta aquí, bien, ¿verdad?

Pues bueno, aunque la frase de hoy parezca muy evidente (a alguien que comprende bien las cosas, le hacen falta pocas explicaciones), lleva un sentido un tanto oculto que hace que esta frase se utilice tanto en sentido positivo (para alabar (elogiar) la inteligencia de alguien), como en sentido negativo (para hacer ver que si alguien no se entera de lo que intentamos explicarle, es porque no quiere o hace como que no quiere entender lo que se le intenta decir).

De esa forma, cuando lo usamos en el sentido positivo, podríamos decir, por ejemplo: En cuanto se lo comenté a Pedro lo entendió enseguida y es que a buen entendedor, pocas palabras bastan (con las pocas palabras con las que se las explicaron y con su inteligencia o con su conocimiento sobre el tema que se estaba tratando, a Pedro le fue suficiente para comprender perfectamente el asunto).

Sin embargo, también lo podríamos usar para llamar la atención de alguien a quien intentamos decirle algo y no se entera o hace como que no se entera. Así podríamos decir, chico, pues a buen entendedor pocas palabras bastan (como diciendo, si no te enteras es porque no quieres porque más claro no lo puedo explicar).

Pues eso, como sé que vosotros ya sois muy buenos entendedores y que os basta con pocas palabras, no me voy a extender más en este post, ¿ok? 😉

Que tengáis un buen día!

A mal tiempo, buena cara

Ayer empezó el otoño, y seguramente con él empezarán a llegar las lluvias, el frío, los días se irán haciendo cada vez más cortos… Pero bueno, como dice la frase de hoy, a mal tiempo, buena cara!

Y bueno, aunque sé que no tiene ningún misterio entender la frase de hoy, quería incluirla en esta recopilación no sólo porque se usa frecuentemente sino porque, además, se usa en otros ámbitos.

Aunque también puede usarse cuando hace mal tiempo (no porque llueva o haga frío tenemos que dejar de divertirnos y salir por ahí a hacer un millón de cosas), lo más común es utilizarla cuando hay cosas en general que no funcionan como nos gustaría. Es como si dijésemos, ante los reveses de la vida (ante los momentos duros, difíciles, giros inesperados, etc.) hay que sacar toda nuestra energía y hacerles frente y no dejarnos llevar por la creencia de que no podremos superarlos. Esa es la verdadera esencia de la frase de hoy.

Sé que es muy fácil decirle a alguien que lo está pasando mal que tiene que ser fuerte y pensar en positivo, pero es que la verdad es que es lo mejor que se puede hacer, ya que si contamos con todas nuestras fuerzas, seguramente podremos salir antes del «bache» en el que nos encontramos. Así que eso, a mal tiempo, buena cara!

¿Recordáis aquel fantástico post que decía que Si lloras por no haber visto el Sol las lágrimas te impedirán ver las estrellas? Pues eso.

Y para que veáis que el otoño es un momento precioso, os dejo con una impresionante fotografía de nuestro colaborador habitual que con sus fotos consigue darle un toque diferente a este blog. Una vez más… un millón de gracias Yoann Grange!

A mal tiempo buena cara

A la buena de Dios

Hoy vamos a ver una expresión bastante utilizada que hace referencia al divino al igual que otras expresiones ya vistas como a quien madruga Dios le ayuda, Dios los cría y ellos se juntan o a Dios rogando y con el mazo dando.

Pues bien, dejar algo a la buena de Dios es descuidar algo, despreocuparse por algo, dejarlo «a la deriva» como un barco sin timón ni capitán en el mar. Se dice que se deja a la buena de Dios porque como nadie atiende a lo dejado, sólo queda Dios (ser omnipresente) para que lo ayude. Como a Dios se le supone que va a aplicar su buena voluntad para que lo abandonado consiga un buen término, se dice lo de «a la buena», siendo una forma abreviada de decir «a la buena voluntad».

Y ahora… sí! los ejemplos (bueno, yo creo que con uno hoy será suficiente): Pedro dejó a su aprendiz a la buena de Dios: ni se preocupa por él, ni le enseña el oficio… (con esta frase queremos decir que Pedro desatendió totalmente a su aprendiz, dejando el futuro de éste al aire, sin ninguna seguridad, sino a lo que quiera el destino).

¿Captado? Espero que sí! Y que nunca me puedan decir que dejo a los Erasmus a la buena de Dios…